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cotiff

Registrado: 20 Abr 2006 Mensajes: 33 Ubicación: Madrid
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Publicado: Mar Oct 16, 2007 3:40 pm Asunto: |
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Lástima que finalice el asi el escenario. Según esta forma de valorar la victoria, en Trafalgar venció la escuadra combinada ya que mandó al otro mundo a Nelson.
Se despide el capitán Cotiff(Formidable, Intrepide y Thunderer capturado)felicitando al Repulse al que me he quedado con ganas de dar su merecido con el Intrepide.
Muchas gracias a Crisanto por su tiempo y su paciencia. Espero que nos volvamos a ver las caras en breve.
Saludos a todos y hasta la próxima crujía.  |
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vkrisis Administrador

Registrado: 05 Mar 2006 Mensajes: 1216 Ubicación: No te preguntes qué hace el CET por ti. Preguntate qué puedes hacer tú por el CET
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Publicado: Mar Oct 16, 2007 7:38 pm Asunto: |
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Gracias a vosotros por estar ahi sin deserciones.
Por cierto, aun no he terminado la lista de barcos y daños, que me he tenido que ir corriendo antes.
Luego sigo.
jijiji
 _________________ Fundador del CET.
DDJ de:
- Navíos de Línea. - Doce Libras. - En línea!. |
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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vkrisis Administrador

Registrado: 05 Mar 2006 Mensajes: 1216 Ubicación: No te preguntes qué hace el CET por ti. Preguntate qué puedes hacer tú por el CET
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Publicado: Vie Oct 26, 2007 9:46 am Asunto: |
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sigo conmocionado... es genial, tenemos entre nosotros a un escritor de altura...
Bueno, la cosa es que quería pedirte que también dejaras los escritos en estos subforos para luego hacer la votación del la Orden del Broche al Coraje de Escritor del CET.
Te pongo aquí el enlace para que veas de qué se trata, lo llevamos haciendo ya unos años:
http://www.zonaforo.com/cet/viewtopic.php?t=12
Es una manera de animar a la afición a que escriba un poco y vaya relatando sus impresiones para que todos podamos divertirnos, además de jugar, que a veces solo hay tiempo para leerse las narraciones y poco más.
Espero y deseo que la gente se vaya animando, es increible lo que se puede gozar leyendo este tipo de narraciones.
saludos y gracias. _________________ Fundador del CET.
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Mie Oct 31, 2007 11:51 pm Asunto: |
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Capítulo 9 -El tintero
He de reconocer que estoy asustado, hasta ahora no había sentido miedo pero tampoco hasta ahora había visto quemarse vivo a un hombre y menos aún si eran una docena los que ardían y se arrojaban a la mar.
Quizás no deba escribir esto en el diario de combate pero espero que sus Señorías los Lores del Almirantazgo sepan disculparme, mi abuelo que fue soldado de las tropas del Rey siempre me repetía “evita la lucha siempre que puedas pero si has de luchar vence”, nunca le había dado importancia hasta este mismo momento, o vencemos o morimos, no parece existir un camino intermedio.
En este mismo instante la situación es relativamente tranquila, los artilleros recargan y en el Indomptable no se ve gran cosa, algunos gritos y el chisporrotear del fuego que por otra parte no es visible de no ser por la blanca humareda que emite el interior del navío. Lo más importante es que estamos maniobrando para no perder lo que queda de la proa del francés y volver a dispararle por su punto más indefenso.
El buque enemigo continúa tomando popa al viento y sigue con su lenta deriva, lo que nos obliga a alejarnos para maniobrar y evitar una colisión o un amarre.
-Francés por proa, en la amura de estribor- el grito de alerta ha sobresaltado a todos que seguíamos mirando al Indomptable como bajo un influjo hipnótico, todos los ojos miraron en la misma dirección.
-Dios nos ampare- dijo el señor Keaton –es el Bucentaure-
Una verdadera mole se nos echa encima, todos en la flota lo conocen por su reputación y saben que es el buque insignia de la escuadra francesa.
La estampa que presenta el Bucentaure es magnífica y aterradora, es ya el tercer navío de tres puentes al que nos enfrentamos solo que ahora nos encontramos entre dos de ellos de forma simultánea.
El señor Derrick se giró mirando al Capitán que se encontraba pensativo.
-Señor, ¿ordeno rumbo sur?
-Francamente señor Derrick, no lo sé-
-¡Señor!-
-Tenemos la ocasión de hundir al Indomptable, si le acertamos y en su situación su suerte podría estar echada-
-Pero el Bucentaure nos barrirá por la proa- repuso el señor Derrick.
-Ya lo sé, pero nuestra obligación es destruir al enemigo, si lo logramos serán ochenta cañones menos de los que preocuparse la flota, mantengan el rumbo-
-Señor-
-¡Mantengan el rumbo!, esa es la orden-
La situación es clara, el cazador se acaba de transformar en pieza a cobrar y solo la fortuna, nuevamente esa diosa esquiva puede favorecernos, eso y los dos navíos que al sur de nuestra posición ya destrozaron al Indomptable en auxilio del Hero.
-Vuestro nombre es Williams ¿verdad?-
He de reconocer que en esa momento estaba totalmente absorto escribiendo el presente diario y no prestaba atención a lo que sucedía a mi alrededor, así que al levantar la vista del libro vi como delante de mi, de pié, se encontraba el Capitán escoltado del Señor Rodskin.
-Señor, quiero decir, sí señor- dije aturdido por su presencia, era la primera vez que hablaba directamente con él y eso en la mar era tanto como hablar con Dios, pues el Capitán de un buque es el amo y señor del navío y de las vidas de los que lo tripulan.
Torpemente intenté levantarme, pues cuando tengo que escribir me siento donde buenamente puedo para garabatear con mayor comodidad y seguridad, algo que en medio de un combate no es nada sencillo como pueden sus Señorías comprender. El caso es que entre el miedo que dominaba a esas alturas mi cuerpo entero y la impresión de ver al Capitán ante mí, golpee el tintero de tal fortuna que buena parte de su contenido se vertió sobre el brillante calzado del Capitán. La verdad es que en ese instante hubiese preferido recibir un cañonazo y desaparecer de la cubierta, tal era mi estado de ánimo, pero el Capitán pareció adivinar lo que pensaba –Tranquilo marinero, has de temer más a los enemigos que a mi- dijo con expresión seria pero amable, -Espero que refleje con exactitud los acontecimientos del día de hoy, normalmente el diario no se cubre hasta después del combate pero creo acertado que termine la tarea del Sr. Scott-
-Sí señor, así lo haré-
-Perfecto Williams, ¿dispone de más tinta?-
Esa pregunta fue peor que si me clavasen un puñal por la espalda.
-Sí señor- mentí, solo me restaba lo poco que no se había derramado pero pensé que no era momento de mostrarme más torpe de lo que ya había sido.
-Pues utilícela para dejar constancia de esta jornada memorable, y pase lo que pase intente mantener a salvo el diario, ¿me ha comprendido señor Williams?-
¡Señor Williams!, me había llamado señor. Normalmente los oficiales trataban a la marinería con respeto pero utilizaban únicamente su apellido para dirigirse a ellos.
–Sí señor, lo defenderé con mi propia vida- dije en un arranque de pasión desmedida.
-Me conformo con que lo proteja como a su vida señor Williams- dicho esto se giró y comenzó a dar indicaciones a Rodskin que no acerté a escuchar y súbitamente miró en mi dirección y dijo –Williams, mejor derramar su tinta que su sangre, en el escritorio de mi camarote encontrará más tinta si la precisa- pero, ¿cómo lo había adivinado? _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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Capitán Kaye Legge abordo del HMS Repulse en la Batalla de Finisterre |
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Mie Oct 31, 2007 11:52 pm Asunto: |
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Capítulo 10. El camarote
La situación se había tornado en muy preocupante, el Repulse se disponía para barrer nuevamente por proa al Indoptable, ya lo habíamos hecho dos veces con anterioridad y esta sería la tercera, si los otros buques de la flota lo habían desarbolado por completo nosotros nos encargábamos de golpearlo sin piedad hasta convertirlo en un gran ataúd flotante, a la par nuestro buque se preparaba para virar rumbo oeste y mantener nuestra ventaja sobre el desafortunado francés.
Mientras sucedía todo esto el Bucentaure nos ganaba la proa con total claridad y veíamos con preocupación que su andanada sería demoledora, estaban demasiado cerca y ahora solo podíamos esperar su tremenda descarga. Imagino que los pensamientos del Almirante francés debían de ser similares a los que nos atormentaban ya que nuestros dos buques situados al sur, el Glory Y el Malta cortaban su rumbo formando una T perfecta, nosotros teníamos cuarenta cañones de los que preocuparnos, ellos más de setenta amenazándolos.
-Señor Derrick que se prepare la tripulación para largar todo el trapo, el francés suele apuntar a la arboladura y en nuestra posición no sería raro perder el trinquete. ¿Están listas las hachas para cortar los cabos?-
-Sí señor, todo está preparado si fuese preciso, ¿podremos compensar la pérdida de velocidad?-
-No me preocupa tanto lo rápido que naveguemos como lo maniobrables que podamos ser- respondió el Capitán – Hemos de encajar el golpe que nos espera lo mejor posible y hundir al Indomptable si somos capaces, tras eso ya nos preocuparemos del Bucentaure-
En ese instante he de reconocer que la flaqueza de espíritu se sobrepuso a mi ardor guerrero y para que sus Señorías vean que soy franco y veraz con todo lo que apunto en este diario reconozco que el miedo me pudo. El temor es un arma poderosa y en ese instante sentí la necesidad de abandonar el puente y colocarme en un lugar más protegido, por vez primera estábamos al alcance del fuego de los tiradores situados en las cofas del enemigo y aunque por nuestra posición estábamos a salvo en popa mi corazón me empujaba a buscar lugar más protegido bajo las cubiertas del buque.
Mi conducta me avergüenza ahora pero es preciso reconocerla para poder describir lo que mis ojos vieron en las entrañas del navío. Me levanté con la intención de que no se notase mi ausencia, ¿quién se preocuparía de lo que hiciese un joven marino en medio del combate? Gran error el mío, un navío de Su Graciosa Majestad es una máquina perfectamente engarzada donde cada pieza tiene su función y la cumple con la mayor diligencia pues su vida puede depender de ello, solo con levantarme y encaminarme a la escotilla que da acceso al puente de primera batería un viejo oficial de mar me cortó el paso.
–A donde demonios crees que vas marinero- me espetó con ferocidad.
-El Capitán me ha encargado que me ocupe del Diario de Combate y preciso tinta- temblando como una hoja le mostré el tintero casi vacío y el presente diario cuya cubierta no deja lugar a dudas al lucir las armas de Su Majestad y el nombre del buque HMS Repulse en letras doradas.
-Pues se rápido que el infierno no espera por nadie- dijo con una sonrisa que dejaba a la vista los pocos dientes que aun conservaba.
Mi segunda parada fue la propia escotilla pues nada más acceder a ella dos soldados me cortaron el paso –Alto, no se puede pasar, regresa a tu puesto en cubierta- su mosquete cruzado sobre el pecho me bloqueaba el camino.
-El Capitán me ha encargado que me ocupe del Diario de Combate y preciso tinta- repetí nuevamente, pero esta vez no era suficiente con mostrar el diario y el tintero.
-Y a donde te diriges entonces- preguntó el otro soldado.
-A la cámara del Capitán- estaba claro que me sería imposible bajar a cubiertas inferiores.
-Los muebles se han colocado a la entrada, no te será fácil encontrar lo que buscas-
Y era cierto, el camarote del Capitán, que era de una amplitud relativa tratándose de un bajel de guerra, había sido despojado de los muebles y ornamentos siendo todo apilado en los laterales de la cámara, en el jardín de popa se habían alojado dos piezas de artillería a forma de guardatimones. Los marinos que servían las piezas estaban sudorosos y cubiertos por una fina capa blanquecina por ciertas partes y semejante al hollín por otras. Trabajaban a ritmo constante y en silencio, no se percataron de mi presencia o mejor dicho, no les importaba lo más mínimo, daba la impresión de que aunque entrase el mismísimo Napoleón en persona no les merecería más que una mirada de reojo, tal era su determinación para con su labor.
Hasta catorce personas conté para servir las dos piezas, más un jovencísimo grumete oficiando de mono de pólvora que aparecía y desaparecía a la velocidad de un pequeño ratón de campo. Conmigo eran dieciséis las personas que nos encontrábamos en una reducida estancia que contenía un desagradable olor mezcla del sudor y la pólvora.
-¿El escritorio del capitán?- Pregunté, un marinero me miró sorprendido y gritó a los demás –Por todas las rameras de Irlanda, el muchacho nos toma por escribanos-, la carcajada fue general –Apuntemos nuestra pluma a esos franceses que les quiero escribir una poesía- se burló otro, no merecí mayor atención así que comencé a buscar entre los cajones de los muebles que se podían ver y abrir, era consciente de que no podría demorar mi tarea en demasía, quizás uno de los soldados de la escotilla viniese a ver que hacía pues su misión era custodiar las entradas y salidas para evitar que los cobardes como yo escapasen del combate, pero aun así tenía la esperanza de que la descarga del Bucentaure aconteciese antes de que me enviasen de regreso a la cubierta. _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Mar Nov 06, 2007 5:59 pm Asunto: |
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Fue como si un temblor nos empujara con fuerza sobrehumana, un golpe seco seguido de un ruido sordo y profundo, todo cambió en un instante y el miedo se evaporó convirtiéndose en excitación pura.
Tras el fuerte golpe se comenzaron a oír los lamentos, ecos apagados por la distancia de nuestra posición en popa y los truenos del metal que nos rodeaban.
-¡Corre chico, escribe lo que pasa y no pierdas detalle, Inglaterra tiene que saber como luchan sus hijos!- me gritó un viejo marino que servía una de las piezas en la cámara del Capitán y esas palabras fueron para mi como el viento de invierno, un viento tan frío que corta las carnes y te recuerda que estás vivo, ¿qué hacía yo huyendo del peligro en los dominios de la muerte? La única forma de huir es vencer y no esconderse detrás de un tintero.
Con rapidez desconocida para mi, corrí hasta alcanzar la cubierta pasando entre los soldados que montaban guardia como la luz pasa por el ojo de una cerradura, tenía el tintero del Capitán, el diario, la pluma y la determinación de acabar con los franceses aunque fuese ahogándolos en tinta.
-¡Marinero!- me gritaron a mi espalda, era Jack Black, uno de los calafates del buque con el que había trabado cierta amistad, -¿Es que nadie te ha dicho que no se puede estar en cubierta desarmado en medio de un combate?-
-Sí, pero no he tenido tiempo, Jack- le expliqué.
-Déjate de tantas prisas o conseguirás que te maten y tendrás por fin todo el tiempo del mundo- me dijo mientras alargaba su brazo entregándome un cuchillo de considerables dimensiones –Usa mi mondadientes y que no te maten, quiero recuperarlo- dicho lo cual se introdujo por la escotilla.
Me acerqué entonces a la posición del Capitán justo cuando recibía el informe de los daños, los rostros eran circunspectos, algo había ido rematadamente mal pero se mantenía la prudencia en las palabras.
-Ha sido por culpa de la andanada del Bucentaure señor, justo en el mismo instante el buque ha cabeceado-
-No puede volver a suceder, hemos perdido una ocasión que quizás no se vuelva a presentar. Señor Derrick, ¿daños?-
-De cierta consideración señor, nos han barrido todos los puentes pero por fortuna no hay daños críticos, los mástiles están intactos, se han centrado en el casco y hemos de dar gracias a que la distancia no se ha acortado más, pudo haber sido devastador-
-¿La tripulación?-
-Me han informado de que hemos perdido a más del centenar de hombres entre muertos y heridos- Un rápido gesto de abatimiento cruzó el rostro del oficial.
-¿Las piezas?-
-Doce piezas dañadas de diversa consideración, ya se trabaja para recuperar todas las que sea posible-
-Y todo eso para nada, maldita sea. Hemos de dañar ahora al Bucentaure, que todos se apresten para abrir fuego lo antes posible por la banda de babor, con suerte lo alcanzaremos por su popa, no creo que intente cruzar entre el Malta y el Glory así que virará rumbo este para evitarlos, nosotros lo haremos rumbo sur y podremos batirlos sin peligro–
-Sí señor- Respondió el señor Derrick
-Y señor Derrick- repuso el Capitán
-¿Sí, señor?
-Debí haberle hecho caso cuando me aconsejó virar al sur para evitar el barrido del Bucentaure, será usted un buen capitán-
El halago cogió desprevenido al oficial que atinó a responder –Hizo lo correcto señor, pero no siempre lo correcto resulta ser lo más acertado-
-Ni lo más prudente pero recuerde siempre una cosa, las guerras se ganan con prudencia, las batallas con arrojo-
Estaba claro que en mi estancia en la cámara del Capitán me había perdido algún acontecimiento importante, ¿pero qué?
-Disculpe señor Rodskin, ¿por qué dice el Capitán que hemos perdido una ocasión que quizás no se nos vuelva a presentar?- era la segunda vez que me dirigía al señor Rodskin para preguntarle algo referente al combate, se había transformado en mi Cicerón del la refriega, pero el señor Rodskin me miró perplejo esta vez, como preguntándose de donde salía yo haciendo ese tipo de preguntas estúpidas.
-¿Donde estabas muchacho?-
-Es para el diario de combate señor- dije tratando de evitar la pregunta sobre mi falta.
-Se refiere a que hemos abierto fuego contra el Indomptable justo después de que el Bucentaure nos alcanzase, el navío ha cabeceado con fuerza y al disparar nuestras baterías hemos sacado del agua a los peces-
Parecía increíble pero era cierto, hasta ese momento todo era perfecto, habíamos barrido a nuestros enemigos sin dificultad aparente y en cuestión de segundos todo había cambiado de sino, fallábamos una andanada a quema ropa contra un enemigo entregado a su destino y perecían un gran número de nuestros hombres a manos del enemigo.
Los tiradores del Bucentaure no perdían el tiempo, una lluvia metálica empezó a caer sobre las cubiertas, los hombres se resguardaban donde podían y nuestros infantes respondían al fuego enemigo. Un marino se desplomó a mi lado golpeándome en el costado, de su cuello brotaba sangre oscura y abundante como de una barrica a la que se le quita el tapón por donde se escapa la vida. El golpe fue tan fuerte que se me adormeció el brazo.
La sangre ya empapaba la arena de las cubiertas del HMS Repulse y era mi propia sangre sin saberlo. _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Mar Nov 13, 2007 2:49 pm Asunto: |
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Como bien dije antes, un buque de Su Majestad es una máquina compleja y perfecta, un ingenio del genio magnífico y terrible.
Cuentan los libros, esos libros que pude leer en mi querida imprenta donde tantas horas pasé, que los barcos han cambiado mucho a lo largo de los tiempos, desde los bajeles de Ulises a las galeras del Cesar de Roma, estas máquinas de guerra se han transformado de forma profunda. No hay nada en el mundo tan poderoso, ni existirá jamás si se me permite decirlo, como un navío de línea.
Castillos sin piedras, torres sin almenas, murallas de madera.
Inglaterra se protege tras estos muros móviles erizados de cañones prestos a destruir a quien ose despertar el sueño de la diosa Britannia. Terrible será la cólera de la deidad para quien quiera someter a sus hijos y más terrible es la realidad de sangre, fuego y pólvora que siembran estas fortalezas en los mares del mundo.
Dice la leyenda que Toosa fue una muy poderosa ninfa marina, una mujer sirena de gran belleza dotada de una cola plateada de brillantes escamas de pez en lugar de piernas. Su beldad solo era igualada por su poder, pues era la diosa de las peligrosas corrientes marinas. Todos los hombres la deseaban, poseerla era un fin en sí mismo y a la vez el fin mismo, solo un Dios más poderoso que ella podría amarla y gozarla, y así, solo el mismísimo Poseidón dueño, amo y señor de todos los mares y criaturas que en él habitan yació en su lecho para engendrar al cíclope Polifemo. Y como sucedió con la sirena pocos podrán poseer a Britannia, ni el león castellano ni el águila gala fecundarán jamás la tierra fértil de Albión.
El tiempo ha pasado lento desde que dio comienzo la acción y los acontecimientos cercanos como nuestro encuentro con el Formidable parecen ya recuerdos borrosos de un pasado añorado, el cansancio se acentúa con el hambre y este se hace presente pese a que el desayuno de hoy ha sido copioso para lo que suele ser habitual en nuestro día a día. Por orden del capitán y según consejo del cirujano mayor, el de mayor antigüedad se entiende, se nos incrementó la ración según me explicaron a causa de las enormes colas producidas en los beques(20), un tercio más de galletas por hombre para evitar las indisposiciones de vientre frecuentes en los últimos días, carne curada abundante para darnos energías suficientes por las pérdidas producidas en los males del estómago y ración larga de grog con la que calentar la sangre y animar el espíritu decaído de los enfermos.
La realidad es que las galletas son arena a esta altura de nuestro viaje por efecto de los numerosos gorgojos y la carne produce fuerte dolor de muelas, tal es su estado de dureza y sequedad que los más viejos y desdentados la cortan y machacan para mezclarla con el ron y así poder tomarla, solo el grog(21) sirve para aligerar nuestras penas sumiendo a la tripulación en esa magnifica sensación del grogui(22).
Mientras escribo estas líneas la tripulación se afana en despejar las cubiertas trasladando a los heridos más graves y apartando los cadáveres para que no interrumpan el trabajo de los vivos. Realmente es una tarea penosa y me alegro de no tener que presenciarla.
El buque ha virado con brusquedad crujiendo los mástiles como no habían hecho hasta ahora, no hay mucho viento pero se ha metido gran timón y por un instante he pensado que el capitán tenía la intención de hacernos navegar con el viento en popa cerrada(23) para ganar en velocidad al Barfleur y darle caza, pero está claro que he errado, navegamos al sur y aprestamos nuestras púas para herir al enemigo por babor.
La oficialidad tiene un aspecto curioso al haber sido despojada de sus elegantes vestiduras, resulta llamativo ver a los oficiales que se acercan a la posición del capitán desde las cubiertas inferiores echar mano a su cabeza para descubrirse ante él cuando en realidad no lucen sus vistosas galas. Eso unido a las escarapelas negras(24) prendidas en las camisas dan una imagen irreal de la oficialidad semejantes a caballeros doblemente duelistas, duelistas por un difunto y duelistas en fina camisa blanca para limpiar una afrenta sufrida o infligida.
Cuando el señor Rodskin me preguntó si me encontraba bien le respondí que –Nervioso pero sin miedo señor Rodskin-. Pude apreciar en él una sombra de sorpresa que no entendí, no había sido el mejor de los marinos del Repulse pero había cumplido con la tarea encomendada sobreponiéndome a mis miedos hasta ese instante y por mi edad era normal que me sintiese nervioso, ¿a santo de qué esa cara de incredulidad? Pensé ofendido.
-Muchacho, estás sangrando en abundancia y será mejor que acudas a ver al cirujano para que te revisen-
¿Qué estaba sangrando? ¿Pero cómo? Al mirar mi costado izquierdo pude ver como una gran mancha roja empapaba mi jubón y de forma inmediata un dolor agudo me cortó la piel como si de un cuchillo se tratase.
-Williams, ¿os encontráis bien? Habéis perdido el color para quedaros blanco como una gaviota –
¡Para gaviotas estaba yo! –Sí, no os preocupéis, es que he sentido el dolor de la sangre- dije intentando bromear.
Mientras la acción permanecía en un compás de espera para mi era el momento de ir a ver a los cirujanos. _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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vkrisis Administrador

Registrado: 05 Mar 2006 Mensajes: 1216 Ubicación: No te preguntes qué hace el CET por ti. Preguntate qué puedes hacer tú por el CET
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Publicado: Mar Nov 13, 2007 9:27 pm Asunto: |
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im-
-presionante! _________________ Fundador del CET.
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Jue Nov 22, 2007 3:01 pm Asunto: |
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-¡En fila, silencio y orden!- gritaba el centinela, su brillante bayoneta calada no dejaba lugar a dudas, solo podían pasar a las cubiertas inferiores los heridos de consideración y aquellos que los trasladaban al sollado donde se había dispuesto el espacio destinado a heridos y difuntos.
-Tú, estás apto para combatir- rugió el centinela a un marinero visiblemente alterado que tenía una herida en un brazo que sangraba de forma moderada.
-Necesito ver al doctor, no puedo, yo, no puedo, necesito verlo- dijo con incoherencia.
-¡Regresa a tu puesto marinero!- le urgió el soldado empujándolo con su mosquete, ese fue el detonante.
-¡No puedo!- gritó –¡Moriremos todos como perros! Nos matarán a todos, el buque está perdido-
-¡Silencio perro! Vuelve a tu puesto- el empujón anterior se transformó ahora en un fuerte golpe con el mosquete, el soldado hizo girar su arma de tal forma que el culatazo en el bajo vientre del marinero lo obligó a doblarse de forma instantánea.
Uno de los marinos que observaba la escena y que portaba los restos destrozados de un cadáver los deposito en el suelo y agarró al marino con fuerza por un brazo.
-Tranquilízate, ¿qué quieres, que te maten?-
-¡Estúpidos, estúpidos todos! Ya estamos muertos, mira ese hombre, ¿te parece vivo?- dijo señalando a los restos que reposaban en el suelo semejantes a un torso rodeado de cintas que partían de su cintura, la realidad es que no disponía de piernas y solo los jirones de carne colgantes ocupaban el lugar de sus extremidades. –El juicio final ha llegado y solo la rendición nos salvará-
De un golpe certero se deshizo del hombre que le sujetaba y se abalanzó sobre el centinela, pero tarde, demasiado tarde, porque este ya le había atravesado con su arma. Todo su ímpetu solo sirvió para ensartarse aún más en la afilada bayoneta y perder las fuerzas tan rápido como el color de su cara se desvanecía en un gris mortal.
Una de sus botas empujó el cuerpo con la fuerza de la furia y el cadáver se desplazó con dificultad por la hoja liberando el mosquete. -¿Algún otro cobarde?-preguntó a los presentes.
El marino que había intentado evitar el fatal enfrentamiento se agachó para arrastrar el cadáver al sollado, pero el centinela fue tajante –Déjalo aquí a la entrada, no lo lleves con los demás, que todos vean como acaban los que intentan huir-
Cuando llegó mi turno la inspección del guarda fue rápida, un simple vistazo al jubón con un pequeño desgarro y encharcado en bermellón fue mi salvoconducto camino del sollado.
De mi recorrido hasta el lugar en el que se encontraban los cirujanos no puedo describir gran cosa, primero porque quizás este no sea el lugar adecuado y segundo porque apenas recuerdo nada, tal era mi estado de aturdimiento por la sangre perdida y la emoción de la herida. Solo recuerdo el profundo mareo que experimenté al ver las mesas dispuestas sobre las que se tumbaba a los desgraciados infelices que precisaban la asistencia de los cirujanos, dos grandes mesas en las que abundaba la sangre, sangre que manchaba el suelo convenientemente sembrado de arena. Entre ambos soportes de tortura un gran barril que al acercarse mostraba una horrenda realidad, manos, piernas, brazos y pies luchando por un poco de espacio en su ataúd cilíndrico.
La visión hizo que el mareo fuese incontrolable y el vómito irreprimible.
-Veamos esa herida marinero- me dijo el señor Jonás.
-Doctor, ¿he de morir hoy?- susurré en un arranque de desesperación mientras el médico inspeccionaba mi maltrecho costado.
-Pues no lo se muchacho, pero hay dos cosas claras, primero que el doctor no puede atenderte y te tienes que conformar con un simple cirujano y segundo que si mueres hoy no será por esta herida-
-¿No es mortal?- Repliqué sorprendido.
-He visto hombres con cortes más serios al afeitarse muchacho, me temo que la mayor parte de la sangre de tu jubón es de otro desgraciado-
-Pero estoy herido-
-Sí, un hermoso desgarro de unas seis pulgadas de longitud y poca profundidad, corte limpio, sangre clara y vida intacta, te coseré y podrás seguir con tu tarea-
Inmediatamente echó mano de una aguja curva que me pareció el anzuelo más grande que los mares habían visto jamás y enhebró un hilo de forma certera.
-Pense que…
-No, tranquilo, esto será rápido, tengo cosas más importantes de las que ocuparme. ¡Ay! si me vieran las eminencias del Royal College of Surgeons.
-¡Ay!- grité, yo si tenía razones para la queja.
-¡Párdiez! Sí que sois delicado si no soportáis el dolor de una simple aguja, mirad, esos hombres que reposan sí que tienen motivos de queja, el barril lo atestigua-
En efecto, la mayor parte de los heridos que reposaban eran moribundos o amputados, los primeros no se quejaban por falta de fuerzas y los segundos solían estar en un profundo desmayo. Todo esto junto con la falta de luz natural, bajo el resplandor mortecino de los faroles y soportando un constante vaivén daba a la escena un ambiente sumamente tétrico y opresivo.
Unas punzadas después el remiendo estaba listo.
-Precioso, no has soltado ese libro ni un instante marinero, ¿se puede saber que es?-
-Nuestro diario de combate, señor Jonas- dije con cierto orgullo por la responsabilidad que ostentaba.
-Pues reincorpórate a tu puesto para contar con detalle lo que se hace en el Repulse, el siguiente- zanjó.
Rápidamente un ayudante de sanitario acercaba a la mesa a un hombre al que le faltaba un trozo de pié, mis ojos buscaban ya la salida con ansiedad de ese infierno cuando vi a mi joven antecesor en el cargo, el pequeño Andrew Scott que ahora ejercía de rapavelas ayudando a los pastores en la triste tarea de reconfortar a los que ya no verán más la luz del día.
-¿Cómo estás Andrew?-
-Bien- dijo de forma escueta el niño.
-¿Hay muchos muertos?- pregunté con interés
-¿Quién sois, qué hacéis aquí y por qué no estáis cumpliendo con vuestro deber?- era uno de los pastores, el señor Stonehead, que me miraba como si fuese yo el mismísimo Satanás, sus manos empapadas en sangre sostenían una Biblia que en esa momento me parecía más amenazante que cualquier puñal que buscase mi pecho.
-Señor, soy Williams, encargado de la realización del diario de combate por el Capitán y estoy cumpliendo con mi obligación de informarme del número de fallecidos en la acción- dije con gran rapidez, sus ojos parecían chispear de furia.
-Bien Williams, pues apuntad ahí que los muertos son más de los que pueden entrar por las puertas del cielo ¡y fuera de mi camposanto!- Su tez era tan roja como la rosa de Inglaterra y eso a la lúgubre luz de las linternas de esa parte del sollado, a cielo abierto me temo que su rostro parecería estar al borde del síncope mortal.
Ni decir he que salí como corre un zorro delante de los perros, deshaciendo mis pasos de moribundo al sollado hallaba a cada poco recorrido las fuerzas que había perdido camino del cirujano.
En esas me encontraba cuando un súbito estruendo inundó el navío completamente, el talón del buque se incrementó de forma perceptible en sentido contrario al de la andanada, instantes después los gritos de júbilo inundaban todos los puentes del Repulse. _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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Capitán Kaye Legge abordo del HMS Repulse en la Batalla de Finisterre |
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Vie Nov 30, 2007 6:14 pm Asunto: |
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-¡Dios es inglés!- gritaba un marino mientras se afanaba en posicionar la pieza que servía para la recarga.
-Quizás simplemente no le gusten las ranas - respondía otro de sus camaradas.
Las carcajadas eran generales y la algarabía se dejaba escuchar por todos los puentes con innumerables gritos y hurras que sustituían el sonido de los cañonazos y las órdenes de los contramaestres y oficiales.
-¡Bouuumcentaure tendrán que llamarle ahora!- intervino un joven marino de forma ocurrente y una explosión de carcajadas inundó la sección donde se encontraba la pieza de la que formaba dotación.
Para que sus Señoría se puedan hacer una fidelísima imagen de lo acontecido preciso que todo esto sucedía en el alcázar he de decir, pues yo había subido por la escala para la 2ª batería por la zona de la cámara de oficiales, cruzando el entrepuente y la 1ª batería tan rápido que ni tiempo tuve para ver los daños que nos produjo el francés, en esas estaba cuando oí que desde la ricamente tallada balaustrada de la toldilla una voz se elevaba sobre el resto.
-¡Hombres del Repulse! Luchad ahora como leones y viviréis inmortales como dioses para siempre-
La figura era inconfundible, solo con su camisa y su negra escarapela de seda en el pecho bastaba, el Capitán se erguía como David ante Goliat, desafiante, arengando a sus tropas en una batalla desigual pero con la determinación de la victoria en sus ojos.
-¡Tres hurras por el Capitán!- Sonó desde una de las baterías que se encontraban en retirada para proceder a su recarga.
-Hurra, hurra, hurra- respondió la tripulación en cubierta y un encarnado señor Rodskin que se dejó llevar por la pasión del momento, tal era el arrebato general que yo mismo casi derramo nuevamente la tinta de la que disponía al elevar el brazo para festejar el hurra, por fortuna el bonito zurcido de mi costado me recordó con presteza que era mejor no realizar ciertos movimientos.
Me encaminé entonces a la toldilla para recuperar mi posición al lado del verdadero mascarón del Repulse, nuestro Capitán, cuando un eufórico señor Rodskin me abrazó efusivo, sin miramientos y con más fuerza de la que aparentaba su edad.
-Muchacho, ¿has visto eso? Magnífico, que digo magnífico, majestuoso, sublime, lo mejor que han visto mis ojos desde que visité el burdel de Mademoiselle Fraîcheur en las Antillas-
-¡Señor Rodskin!- dije pasmado.
-Al diablo, mejor que el prostíbulo, aquella satisfacción me duró unos minutos, esta me durará el resto de mi vida- dijo fuera de si.
-¿Pero qué…?
-No muchacho, no me lo digas, ¿te lo has vuelto a perder?, por Dios Santísimo de los Altares. ¿Estás seguro de no haberte perdido tu propio parto?- Estaba completamente desbocado, era como un pura sangre que ha visto la meta y no responde ya a las riendas de sus galones –Perfecto, precioso como los pechos de una jovencita y contundente como una carronada , virar, apuntar y mandarlos al infierno, así ha sido, esto lo recordarán durante mucho tiempo esos afeminados del otro lado del Canal-
Me di cuenta en ese instante que entre tanta algarabía no había mirado al Bucentaure, estaba feliz pero no sabía por qué, me giré y lo vi en la media distancia, entre la bruma, a simple vista no se apreciaba nada en particular, sus mástiles, velas y jarcias se mantenían orgullosas y apenas presentaba daños de consideración pero algo importante sucedía, los franceses corrían por la cubierta en dirección a la toldilla, eso era, nuestra andanada había impactado de lleno en el castillo de popa, en especial sobre la toldilla donde suelen estar los oficiales acompañando al capitán del buque y… ¡el Bucentaure!, ¡el Buque insignia de la flota francesa!, si el Almirante Villeneuve estaba en la toldilla podría haberse decidido la batalla.
Fijé mi vista en nuestro buque y descubrí un gran número de vigías mirando al francés, en las cofas los tiradores disponían por orden del capitán de un catalejo por cofa, este había sido convenientemente atado para evitar su pérdida y de esta forma escudriñar información en la distancia y transmitirla al corazón del buque.
–Algún día señores- dijo una vez el Capitán –los navíos tendrán una habitación donde se informará a los oficiales del combate y estos, todos juntos y en consejo, decidirán lo conveniente-
Súbitamente comenzaron los gritos desde lo alto, ininteligibles al principio poco a poco y no sin confusión comenzó a fluir la noticia, el Almirante francés era retirado en voladas por sus hombres, -¡Villeneuve ha caido!- gritaban los tiradores y según sus noticias un buen número de hombres con él.
-Capitán, ordenes del Glory, hay que emprender la caza del Bucentaure, nos indican que nos situemos a su popa y les sigamos- señaló el señor Derrick.
-Magnífico- dijo el capitán –veo que desde el Glory también han apreciado la fatalidad de Villeneuve, hemos de machacarlos sin piedad, se han separado del resto de su flota y es el momento de aprovechar nuestra superioridad, que todos los hombres se apresten para disparar y que se recupere el orden, no quiero oír más gritos que los de los heridos-
-Sí señor. Señor Rodskin, preparados para abrir fuego-
-Bien señor Derrick, ¡tambor y pífano toquen atención general!- de forma automática el retumbar del tamborilero y el pífano que le acompañaba, ambos con su impecable rojo uniforme de infantes, inundaron el buque.
-Toquen orden general- el sonido era impresionante, tapaba el estruendo de los cañones sobreponiéndose a ellos y los hombres reaccionaban con atención al siguiente toque.
-¡Toquen listos para abrir fuego!- y tocaron con toda la marcialidad que exigían las Reales Ordenanzas. El tambor batiente y el pífano sonaron como nunca antes habían sonado fruto de unos músicos firmes, de movimientos rápidos y seguros el tamborilero y estático e inalterable el pífano, serían digna Guardia Real en el palacio de Buckingham sin duda alguna. _________________ El Príncipe que sea Señor de la mar lo será de la tierra
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Capitán Kaye Legge abordo del HMS Repulse en la Batalla de Finisterre
Ultima edición por Don Félix de Arganzúa el Vie Nov 30, 2007 6:17 pm, editado 1 vez |
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vkrisis Administrador

Registrado: 05 Mar 2006 Mensajes: 1216 Ubicación: No te preguntes qué hace el CET por ti. Preguntate qué puedes hacer tú por el CET
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Publicado: Dom Dic 02, 2007 4:34 pm Asunto: |
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Sinceramente creo que deberías escribir una pequeña novelita.
es buenísimo el relato.
saludos y gracias por compartirlo. _________________ Fundador del CET.
DDJ de:
- Navíos de Línea. - Doce Libras. - En línea!. |
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Don Félix de Arganzúa

Registrado: 01 Jun 2007 Mensajes: 20
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Publicado: Dom Dic 09, 2007 12:09 pm Asunto: |
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Con franqueza, el tiempo que uno pasa al servicio del Rey resulta ser el más duro y añorado de todos los que vive el hombre, la dureza del servicio de armas se ve compensado por la juventud, las aventuras y las mujeres que uno tiene, vive y disfruta respectivamente, pero todo ello tiene un alto precio, el de la vida de aquellos que se pierden en combate.
Nuestro encuentro con el Bucentaure ha sido desigual, nosotros hemos sufrido grandes daños en vidas mientras que ellos apenas han recibido una andanada lejana pero, ¡como es la vida y la fortuna!, nuestro impacto ha alcanzado la toldilla enemiga despedazando a la oficialidad francesa, Villeneuve, al que dimos por mal herido o por perdido ha regresado a su puesto de mando, eso sí, ayudado por dos asistentes y vemos como prosigue dando órdenes haciendo virar a su enorme y poderoso navío rumbo al sur, por fortuna eso nos aleja de la flota enemiga y hace que tenga que enfrentarse al Repulse, el Glory y el Malta de forma simultánea.
-Más tensión en las velas, tenemos que situarnos a su proa- el Capitán sabía que era el momento que podía decidirlo todo, teníamos al Almirante en Jefe de la flota combinada a nuestra merced y su pérdida podría ser decisiva.
-Capitán, colisionaremos con ellos- Apuntó con firmeza el señor Derrick – deberíamos situarnos a su estribor y cañonearlos-
-No señor Derrick, si hacemos eso perderemos la ocasión de batirlos a cortísima distancia, si conseguimos dispararles por proa aunque no los barramos les haremos gran desgaste, el Malta los alcanzará por estribor y el Glory seguirá nuestros pasos por proa, tras eso se verá encerrado combatiendo a dos bandas y lejos de su flota-
En la cabeza del Capitán todo parecía claro, para él no existía la niebla que aún nos envolvía y su convicción era tal que nadie osó a rebatir sus argumentos.
-¡Los infantes a babor! ¡En línea!-
Las órdenes se sucedían y una fina línea de uniformes rojos cubría todo el flanco del navío dispuestos a realizar una descarga mortal sobre el Bucentaure.
La estampa del coloso buque se agrandaba más y más y la colisión parecía inevitable, ellos rumbo sur, nosotros sureste, como dos hojas de la tijera que se cruzan, ese era nuestro destino.
-¡Rodskin, ahora, fuego!- gritó el capitán, pero la orden no se repitió, el viejo oficial se había ganado el descanso final y reposaba en la cubierta con un orificio en su frente, tranquilo y orgulloso.
-¡Rodskin!- exclamó el Capitán.
Sobre la rostro del infortunado marino un hilo de sangre serpenteaba entre las arrugas fruto de los años de mar y vida mientras sus ojos grises miraban al infinito cielo cubierto de su manto de niebla.
El Capitán se agachó y con gran delicadeza limpió con su mano la sangre que manchaba aquel rostro sereno, el silencio más absoluto se había hecho en la toldilla, ninguno de los presentes articuló sonido alguno ni fue capaz de moverse, hombres de cera en cubierta de muerte, ni siquiera el fuego de mosquetes franceses nos sacó de aquel trance colectivo y trágico hasta que una voz fuerte pero rota resonó en nuestros atormentados oídos.
-¡Fuego!- chilló el señor Derrick con voz totalmente desgarrada, se mostraba fuertemente emocionado por la visión del cadáver de su compañero del cual ocupaba ahora su función con profunda pena y dolor.
Atronó el Repulse y una nube de pólvora inundó nuestras cubiertas siguiendo el fresco viento del noroeste, los mosqueteros soltaron su carga de forma ordenada y los franceses devolvían el fuego desde su arboladura, el navío enemigo nos mostró sus miserias al desaparecer la clara pólvora del aire, estaba tan cerca que casi lo podríamos tocar.
Gran número de agujeros se abrían como nuevas troneras improvisadas por la amura de estribor francesa mientras su proa nos descubría amplios impactos de todo tipo, madera desgarrada que formaba enormes cicatrices en la piel noble del coloso de los mares.
Con gran rapidez el Repulse surcó las aguas que esperaban al insignia francés hasta colocarse por delante del mismo ofreciéndole su costado de estribor en un rápido viraje. Todos los artilleros se afanaban en la recarga de las baterías solo que el baile de hombres se producía ahora en la otra banda del buque, de la misma forma la línea roja de infantes se deshizo como una marca en la arena de la playa borrada por la marea, recomponiéndose en la banda opuesta con su cadencia fija de muerte y plomo.
-¡Derrick, listos para abrir fuego!-
-Señor, los hombres aún recargan las piezas-
-Pues que se den prisa, hemos de aprovechar estos instantes, sobre todo hay que evitar que nos amarren y aborden, estaríamos perdidos salvo que otro de nuestros buques nos asistiese-
Justo en ese instante la explosión sonó como un gran golpe de tambor, la arboladura del Bucentaure vibró en el aire y todo pareció oscilar en él, con toda seguridad el Malta le había alcanzado con fiereza y sucedió lo inevitable.
La bandera imperial de Francia, inmensa y rasgada por todas partes, lucia enormemente bella bailando al viento, el Almirante Villeneuve parecía ser consciente de la gravedad de su situación y lo alcanzamos a ver en su buque.
Su hermoso bicornio lo delataba entre el resto de sus hombres y oficiales, una mano en el fastuoso sobrero lo elevó sobre su cabeza para observar mejor los daños en la jarcia y nunca más volvió a ver nada.
Un tiro certero y el mundo se detiene, así de fácil y de terrible, la muerte escueta y segura, transportada en viaje invisible por la bala de un mosquetero del Repulse había llegado a su destinatario, gritos y desconcierto en un buque, algarabía y júbilo en otro.
-¡Ha caído señor Derrick, ha caído!- le grité al primer oficial que no daba crédito a lo que veíamos, el Capitán tenía sus dos manos en la cabeza y no expresaba emoción alguna.
-¡Ojalá el señor Rodskin viese esto!- exclamé al aire mientras retomaba mis apuntes en el diario, -Esto señor Rodskin no me lo he perdido- dije sin que nadie pareciese hacerme caso.
No se disparó más, la insignia napoleónica descendió casi de inmediato y los banderines de señales subieron en los mástiles franceses, “huida y dispersión” era la orden a su flota, el Bucentaure, la pieza cobrada entregada a nuestros pies.
Lentamente los disparos se espaciaban en la distancia y la mar reclamaba a sus hijos muertos, espectáculo dantesco de maderas amputadas y miembros humanos serrados, pues buques y hombres serían uno para siempre.
Los incendios resplandecían en la “Costa de la Muerte ” y los cañones fueron sustituidos paulatinamente por los gritos desgarradores, la muerte viajaba rápida y sin descanso de un buque a otro. La bandera de Francia fue arriada y sustituida por tela alba, impoluta, demasiado blanca para lucir en el charco de sangre que era la mar, la del enemigo, perfectamente doblada y custodiada por dos infantes pasó a reposar en la cámara del Capitán junto con el sable y el bicornio del infortunado Almirante.
Los hombres, esos héroes olvidados como tantos otros con el paso de los aconteceres y la historia, sin distinción de banderas, reciben cristiana sepultura donde les corresponde, bajo las aguas de la mar océana junto con las balas que sirvieron para cortar sus ilusiones y deseos futuros.
Todo vuelve a la calma, nuevos mares, nuevos buques, nuevas batallas por llegar.
El H.M.S. Repulse había cumplido con su deber y yo con el mío. Que el Señor nos perdone a todos.
¡Dios salve al Rey!
FIN
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